Lutieres españoles  · Spanish Luthiers

Escuela catalana

Barcelona

Barcelona es el gran foco de la lutería catalana. Ya en el siglo XVIII, en torno a la calle de Escudillers, trabajan maestros como Salvador Bofill, Joan Guillamí o José Massaguer, integrados en el Gremio de carpinteros y muy atentos a los modelos de Stradivari. Buena parte de estos constructores llegaban del oficio de la guitarrería, del que la ciudad tenía larga tradición.

El marco de este oficio era la Confraría de Sant Josep i Sant Joan de Mestres Fusters de la Ciutat de Barcelona —el gremio de carpinteros, que integraba también a los lutieres—, fundada a finales del siglo XIV y con ordenanzas aprobadas por Juan I de Aragón el 15 de diciembre de 1393; sus emblemas se conservan esculpidos en el ábside de la catedral (1617). La estricta especialización gremial reservaba a otros oficios la elaboración de barnices y colas, las cuerdas o las cajas, de modo que —como ha señalado Joan Pellisa— ni siquiera es seguro que los lutieres barceloneses barnizaran sus propios instrumentos. La ciudad fue, además, uno de los grandes centros de producción de cuerdas de tripa del Mediterráneo (las cordes de viola), exportadas a Castilla, el norte de Europa y las Américas. La saga de los Guillamí encabeza esta escuela: un Rafel Guillamí figura ya como examinador del gremio en 1646, y a él seguirían Joan Guillamí «el Viejo» y su hijo homónimo.

En el siglo XIX el taller de Altimira —con el francés Étienne Maire al frente— y figuras como Francisco España o Pablo Auger dan a la escuela un aire afrancesado, y ya en el XX la continúan casas como Parramón–Pinto y, sobre todo, la familia Fleta, que del arco pasaría a hacer célebre la guitarra de concierto.

Linaje maestro–aprendiz

Bibliografía